El 8 de marzo como día específico quedó asociado a varios eventos históricos. Entre ellos, una huelga de obreras textiles en Nueva York en 1908 y, sobre todo, la manifestación del 8 de marzo de 1917 en Petrogrado, Rusia, donde miles de mujeres salieron a las calles para protestar contra la guerra y la escasez de alimentos. Esa marcha es considerada uno de los detonantes de la Revolución Rusa de febrero —según el calendario juliano vigente entonces.
La ONU oficializó la fecha en 1975, durante el Año Internacional de la Mujer, y desde entonces el 8 de marzo se conmemora en prácticamente todo el mundo como el Día Internacional de la Mujer.
Una fecha que sigue cargada de significado
En América Latina, la jornada adquiere un peso particular. Países como México, Argentina, Chile y Colombia registran cada año movilizaciones masivas que combinan la memoria histórica con demandas actuales: igualdad salarial, erradicación de la violencia de género y mayor representación política. La región concentra algunos de los índices más altos de feminicidios del mundo, lo que convierte la fecha en un termómetro del estado de los derechos de las mujeres en cada país.
Lejos de ser una conmemoración meramente simbólica, el 8 de marzo funciona como punto de encuentro entre generaciones de mujeres con agendas distintas pero con una raíz común: la exigencia de condiciones de vida más justas. Esa continuidad entre las obreras de 1908 y las manifestantes de hoy es, precisamente, lo que le da a la fecha su persistencia y su relevancia.
Fuentes: El Nacional (Venezuela), BBC Mundo.