Desde la Antigüedad, los regímenes políticos han recurrido al encierro como forma de silenciar voces incómodas. Sin embargo, la historia de la literatura registra un fenómeno recurrente: la celda que pretendía callar terminó siendo el lugar donde algunas de las obras más influyentes del mundo tomaron forma. Ese es el hilo conductor de un recuento publicado por La Nación de Argentina que reúne a 43 escritores que usaron la cárcel como espacio de creación.
El listado abarca siglos y continentes. Aparecen nombres como Miguel de Cervantes, quien concibió parte del universo de Don Quijote durante su cautiverio; Marco Polo, que dictó sus memorias de viaje desde una prisión genovesa; y Antonio Gramsci, el filósofo italiano que redactó sus célebres cuadernos de notas bajo la dictadura de Mussolini. También figuran autores más cercanos en el tiempo, como el sudafricano Nelson Mandela o el ruso Fiódor Dostoyevski, cuya experiencia en los campos de trabajo de Siberia marcó de manera irreversible su literatura posterior.

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