Hay escritores que incomodan porque dicen la verdad sobre los suyos. Alfredo Bryce Echenique fue uno de ellos. Nacido en el seno de la élite limeña, dedicó buena parte de su obra a diseccionar ese mismo mundo con una mezcla de afecto y acidez que pocos autores logran sostener sin caer en la caricatura. Murió a los 87 años, dejando una obra que sigue siendo referencia obligatoria en las letras latinoamericanas.
Su novela más célebre, Un mundo para Julius, publicada en 1970, narra la infancia de un niño de familia acomodada en Lima y expone, con una mirada que oscila entre la ternura y la crítica, las contradicciones de una clase social que vive de espaldas a la realidad del país. El libro fue un fenómeno editorial en su momento y consolidó a Bryce Echenique como una de las voces más originales surgidas del boom latinoamericano, aunque su estilo —más cercano al humor melancólico que al realismo mágico— lo distinguió siempre del grupo.



