Hay una paradoja difícil de ignorar: el boom latinoamericano lleva décadas siendo estudiado como historia, pero hasta hace pocas horas uno de sus protagonistas todavía estaba vivo. Alfredo Bryce Echenique murió a los 87 años, y con él se cierra un capítulo que muchos lectores de la región creían ya clausurado en los libros de texto.
El escritor limeño era el último vínculo generacional con ese grupo de narradores que, entre los años sesenta y setenta, colocaron la literatura latinoamericana en el centro de la conversación mundial. García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Donoso: nombres que hoy son monumentos. Bryce Echenique pertenecía a esa misma constelación, aunque su tono era radicalmente distinto. Donde otros construyeron realismo mágico o experimentación formal, él eligió la ironía suave, el humor melancólico y los personajes atrapados entre dos mundos.



