Su postura tuvo consecuencias concretas. Bell presentó en 1883 un memorando titulado Memoir Upon the Formation of a Deaf Variety of the Human Race, en el que advertía sobre el riesgo de que los sordos formaran comunidades separadas y se reprodujeran entre sí. Propuso prohibir el matrimonio entre personas sordas y eliminar las escuelas residenciales para sordos, donde la lengua de señas florecía como idioma natural de esa comunidad.
Esas ideas tuvieron peso institucional. Durante décadas, el oralismo dominó la educación de los sordos en Estados Unidos y en buena parte de América Latina, incluida Argentina, donde las escuelas especiales adoptaron métodos que desalentaban o prohibían directamente el uso de la Lengua de Señas Argentina (LSA). Las consecuencias de ese modelo educativo —aislamiento, rezago académico, pérdida de identidad cultural— son documentadas por investigadores y organizaciones de la comunidad sorda hasta la actualidad.
Un legado que la comunidad sorda no olvida
La rehabilitación de la lengua de señas como lengua legítima fue un proceso largo. En Argentina, la LSA obtuvo reconocimiento legal recién en 2023, cuando el Congreso la declaró lengua oficial de la comunidad sorda nacional. Ese avance contrasta con décadas de políticas que, en parte, tuvieron sus raíces ideológicas en figuras como Bell.
El debate sobre su figura no es nuevo, pero el aniversario del teléfono lo vuelve visible para audiencias más amplias. Para muchos en la comunidad sorda, Bell representa la paradoja de alguien que dedicó su vida a mejorar la comunicación humana mientras intentaba silenciar una de sus formas más antiguas.
Fuentes: La Nación, BBC Mundo