Pocos países del mundo simbolizan tanto la estabilidad democrática como Alemania. Por eso resulta llamativo que, en los últimos meses, esa imagen de solidez haya comenzado a resquebrajarse de maneras que hace una década habrían parecido improbables. El ascenso sostenido de Alternativa para Alemania (AfD) en elecciones regionales, combinado con el hundimiento histórico de los socialdemócratas, plantea una pregunta que circula con fuerza: ¿qué está ocurriendo en el país más grande de la Unión Europea?
La respuesta no es sencilla, y ahí está precisamente la tensión. Por un lado, sectores que celebran el avance de la derecha lo interpretan como un rechazo ciudadano al manejo de la migración y a políticas sociales que consideran desbordadas. Por otro, analistas y líderes europeos ven en ese mismo fenómeno una señal de alarma sobre el debilitamiento de las instituciones democráticas que Alemania construyó con esfuerzo tras la Segunda Guerra Mundial.



