Dos reacciones completamente opuestas. Eso es lo que está generando Torrente: Presidente desde su llegada a los cines, con espectadores que salen aplaudiendo y otros que califican la película de producto de baja calidad. La polarización no es menor: refleja una grieta cultural que va bastante más allá de una comedia.
La saga creada por Santiago Segura lleva décadas siendo un termómetro de los gustos populares en España, y esta nueva entrega no es la excepción. Según la conversación que circula en redes sociales, una parte significativa del público valora el tono irreverente del filme y su disposición a burlarse de políticos de todos los espectros ideológicos. Para ese sector, la película representa exactamente lo que el cine comercial debería ofrecer: entretenimiento directo, sin pretensiones y con crítica implícita al sistema.



