La saga Torrente lleva más de dos décadas siendo uno de los fenómenos más rentables del cine español. Desde su primera entrega en 1998, el personaje creado por Santiago Segura construyó su identidad sobre la provocación deliberada: un antihéroe grosero, machista y políticamente incorrecto que, precisamente por eso, llenó salas de cine año tras año sin depender de grandes apoyos institucionales. Esa historia de fondo es clave para entender por qué el estreno de Torrente Presidente no es solo un evento cinematográfico, sino también un termómetro cultural.
La película acaba de llegar a las pantallas y la respuesta del público ha sido inmediata. Una parte considerable de los espectadores celebra el regreso del personaje con el mismo entusiasmo de siempre, destacando el humor sin filtros como uno de sus principales atractivos. En redes sociales, varios comentarios subrayan que la cinta logra lo que promete: provocar carcajadas a costa de figuras y discursos reconocibles del panorama político actual, con la izquierda como blanco frecuente de sus burlas.



