Pyongyang avanza en su programa de misiles mientras Washington y sus aliados en la región buscan respuestas que, hasta ahora, no han logrado frenar ese desarrollo. Corea del Norte probó un motor de misil balístico intercontinental con capacidad técnica para alcanzar el territorio continental de Estados Unidos, según informaron medios internacionales este martes. La paradoja es conocida pero no por eso menos inquietante: cada prueba genera condenas, sanciones y advertencias que, en los hechos, no han detenido el avance del programa armamentístico norcoreano.
El ensayo del motor representa un escalón más en una escalada que lleva años acumulando tensión. No se trata de un misil lanzado en trayectoria de combate, sino de una prueba estática de propulsión, un paso técnico que los analistas consideran clave para validar el rendimiento de los sistemas antes de un eventual lanzamiento completo. La distinción importa, pero no reduce la preocupación: demostrar que el motor funciona es parte esencial del camino hacia un arma operativa.


