Durante años, economistas y gobiernos midieron la inflación con índices que promediaban miles de productos. El problema es que esos promedios rara vez coinciden con lo que una familia ve al llegar a la caja registradora. Esa brecha, siempre presente, se volvió especialmente visible desde 2022, cuando una combinación de disrupciones en cadenas de suministro, conflictos geopolíticos y políticas monetarias expansivas disparó los precios de los alimentos en toda la región latinoamericana y más allá.
Hoy, aunque varios bancos centrales han logrado reducir sus tasas de inflación general, los precios de alimentos básicos como carne, leche, huevos y verduras siguen en niveles elevados. La inflación puede bajar en el papel, pero los precios rara vez retroceden al punto de partida. Eso significa que una familia que pagaba cien pesos por su canasta semanal hace dos años, y llegó a pagar ciento cuarenta en el pico inflacionario, difícilmente volverá a ver ese ticket de cien aunque la inflación mensual se acerque a cero.

