Dos guerras activas, un papa recién elegido y una Santa Sede que intenta posicionarse como espacio de mediación. Esa es la tensión que define la agenda internacional del papa León XIV en estas primeras semanas de su pontificado, marcadas por llamados simultáneos a la paz en frentes geográficos muy distintos.
El pontífice pidió reabrir el diálogo para alcanzar una paz que calificó como justa y duradera en Medio Oriente, una región donde el conflicto entre Israel y Gaza acumula ya más de un año y medio de enfrentamientos con consecuencias humanitarias severas. El llamado no llegó acompañado de una propuesta concreta de mediación, pero sí de una postura clara: la violencia no puede ser el camino hacia ningún acuerdo estable.



