Hay una paradoja en el mercado del petróleo que pocos consumidores notan a primera vista: mientras los precios globales del crudo muestran señales alcistas, los países latinoamericanos enfrentan el doble filo de ser, al mismo tiempo, productores que se benefician de precios altos e importadores que sufren el encarecimiento de combustibles y derivados.
El factor que más está moviendo las expectativas en este momento es la combinación de inventarios globales ajustados con daños reportados en infraestructura petrolera. Cuando las reservas disponibles bajan y la capacidad de producción se ve comprometida por fallas o ataques a instalaciones, la ecuación básica de oferta y demanda empuja los precios hacia arriba. No es especulación: es la mecánica habitual de un mercado que opera con márgenes estrechos.


