Hay una contradicción que los canales de televisión en América Latina no logran resolver: producen más contenido que nunca, pero cada vez menos jóvenes los están mirando. Mientras los ejecutivos de medios defienden la vigencia del modelo tradicional, una generación entera está construyendo sus hábitos de consumo en otro lado.
La tendencia no es nueva, pero se ha acelerado. Las plataformas de streaming y las redes sociales concentran hoy la atención de los menores de 30 años en la región, desplazando a la televisión abierta y al cable en los horarios que históricamente fueron los más valiosos para la industria. El prime time, ese bloque nocturno que durante décadas garantizó audiencias masivas, enfrenta una erosión sostenida que preocupa a anunciantes y productoras por igual.



