Para millones de aficionados al fútbol en América Latina, Italia es una de esas selecciones que se dan por sentadas en cada Mundial. La Azzurra forma parte del imaginario futbolístico de la región: sus camisetas azules, sus títulos mundiales, sus figuras históricas. Por eso, cuando el marcador de la eliminatoria europea confirmó que Italia no estará en el Mundial 2026, la reacción no se limitó a los Apeninos.
La consecuencia institucional llegó rápido. Gabriele Gravina, presidente de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC), presentó su renuncia al cargo tras confirmarse la eliminación del combinado nacional en la fase de clasificación para el torneo que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá. El fracaso deportivo se tradujo de inmediato en una crisis de conducción al más alto nivel del fútbol italiano.



