El Comité Olímpico Internacional (COI) anunció que las competencias femeninas en los Juegos Olímpicos quedarán reservadas exclusivamente para mujeres biológicas, cuyo género será determinado a través de prueba genética. El organismo no precisó una fecha de implementación, pero el comunicado marca un giro significativo en la política olímpica sobre elegibilidad de género.
La decisión implica que atletas transgénero o con variaciones en el desarrollo sexual quedarían excluidas de las categorías femeninas, al menos bajo los criterios biológicos que el COI adoptaría como estándar. Es uno de los cambios de política más directos que el organismo ha enunciado en años sobre este tema, que venía siendo objeto de revisiones desde los Juegos de Tokio 2020.
Para América Latina, la medida tiene resonancia inmediata. La región cuenta con una base atlética femenina consolidada en disciplinas como atletismo, natación, boxeo y judo, y varios países han sostenido debates legislativos propios sobre la participación de personas trans en el deporte de competencia. La decisión del COI puede operar como referencia para federaciones nacionales y organismos deportivos locales que aún no tienen una normativa clara al respecto.
El antecedente más visible que alimentó este debate a nivel mundial fue el caso de la boxeadora argelina Imane Khelif en los Juegos de París 2024. Khelif, quien compitió en la categoría femenina y ganó la medalla de oro, fue señalada por tener niveles de testosterona y características cromosómicas que algunos organismos consideraron fuera del rango femenino estándar. El episodio generó una controversia global que presionó al COI a revisar sus criterios de elegibilidad con mayor precisión técnica.
Antes de París, el COI había adoptado en 2021 un marco que delegaba en cada federación deportiva internacional la responsabilidad de definir los criterios de participación, alejándose de umbrales de testosterona fijos. Ese enfoque descentralizado fue criticado por generar inconsistencias entre deportes. El nuevo anuncio parece revertir esa lógica y centralizar el criterio en la biología determinada genéticamente.
En redes sociales, la reacción en español fue mayoritariamente favorable a la medida. Usuarios señalan que la distinción biológica es necesaria para preservar la equidad competitiva en el deporte femenino, y la comunidad debate si la prueba genética es el método más adecuado o si podrían surgir casos límite que compliquen su aplicación. Varios comentarios apuntan a que la decisión llega tarde, considerando los episodios de controversia que marcaron los últimos dos ciclos olímpicos.
El COI no ha detallado aún el protocolo exacto de las pruebas genéticas ni cómo se gestionarán las apelaciones. Esos vacíos serán determinantes para evaluar el alcance real de la política antes de los próximos Juegos Olímpicos, programados para Los Ángeles 2028.


